martes, diciembre 28

Él me da un beso, su boca aterriza en la mía y me molesta de sobremanera que me guste tanto. Es imposible que una mujer pueda defenderse contra un momento así. El corazón se me para en seco, mis brazos quieren extenderse hacia él y mis pies quieren salir corriendo en dirección opuesta, todo a la vez.